File: /home/iestorre/www2/25aniv/exposicion/Relatos/61-Anonimo.htm
<!DOCTYPE HTML PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.01 Transitional//EN"
"http://www.w3.org/TR/html4/loose.dtd">
<html>
<head>
<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=iso-8859-1">
<title>Documento sin título</title>
</head>
<body>
<div align="justify">Corrían otros tiempos cuando por los años de mil novecientos ochenta los jóvenes de mi edad estudiábamos en el instituto de Pilas, veíamos algún programa en la tele como el “ Un, dos, tres…” o nos reuníamos el domingo después de nuestra misa de precepto, en la plaza de Los bancos y a las cuatro al Cine Pinichi para ser testigos de la coletilla de películas que en su pantalla agonizante se proyectaban: sabor a sal de las pipas… y su sonido inconfundible, y el primer contacto con la mano amiga de aquel que era algo más que un amigo. Todo esto puede pertenecer a la lista de los recuerdos que conservamos los chicos y chicas de mi generación, dispuestos a dejarnos seducir por la naturaleza esperando ansiosos poder sentirnos mayores e independientes. Y todo esto, enmarcado en el día a día de los deberes que asumíamos y desarrollábamos en el transcurso de aquellos años… aquellos días… aquellas horas… aquellos momentos en las aulas de nuestro Instituto de Bachillerato de Pilas. </div>
<p align="justify">Este año de dos mil cinco celebramos veinticinco años de su inauguración como Instituto, con primero, segundo, tercero de BUP y COU en las aulas; mi curso, que tenía la media de edad de dieciséis años, configuraba el tercero de BUP. Todos los que lo recuerdan estarán de acuerdo conmigo en que fueron unos comienzos duros, con sus huelgas incluidas, pero un joven de dieciséis años, aún costándole el curso una úlcera de duodeno, lucha y se desenvuelve en el medio con las armas de la ilusión, la esperanza y sobre todo las ganas de comerse el mundo divirtiéndose.</p>
<p align="justify">Precisamente la diversión, la anécdota, las bromas y “los puntos que nos daban”, es lo que me trae a estas líneas que espero sirvan para pasar un buen rato. De la anécdota que intentaré poner en pie, no soy la protagonista, ni siquiera la viví personalmente. Pero la he oído tantas veces de boca de quiénes participaron en ella, que aún me divierto y me río cuando lo recuerdo. Puedo asegurarles que casi estuve allí.</p>
<p align="justify">Los chicos –porque eran chicos y no chicas- que llevaron a cabo esta pequeña aventura son los hermanos Francisco y Pepe Quintero, los hermanos Joaquín y José Manuel Gavira, Juan Fuentes y Manolito Ventura, no todos eran de la misma clase. Ellos lo tenían muy claro: había que hacer algo para poder aprobar algún examen, y tenía que ser algo que no fuera estudiar; no tenían tiempo para ello pero sí lo tenían para maquinar una estrategia alternativa y, ya era mucho porque lo que se proponían era algo osado y nunca lo habían intentado antes.</p>
<p align="justify">Por todo ello, una mañana, en el recreo, tuvieron irremediablemente que urdir un plan y entrar en la secretaría del centro para pillar un examen preparado por algún profesor y así copiar las preguntas. Quién no ha soñado alguna vez, en las épocas de exámenes, poder adivinar las preguntas de uno de ellos…, cuánto tiempo nos habría ahorrado y qué diez nos hubieran puesto… Pero claro, entrar y coger un examen no podía hacerse a las claras, tenían que esperar la noche y como ladrones experimentados, lanzarse a la tarea.</p>
<ul>
<li>“Juaquín, Jose, encargarse de dejar abierta alguna ventana del pasillo y esta noche venimos”, -decía Fuentes -“Quintero, tu hermano y Ventura, ¿vais a venir?</li>
<li>“Vale, venimos los seis”- le contestaba Francisco Quintero.</li>
</ul>
<p align="justify">Ni siquiera sé la fecha exacta, pero sí sé que frío no hacía, la luna de esa noche parecía haberse asomado expresamente para reír al ver a unos chiquillos creerse unos valientes e intrépidos espías por el bien de unos cuantos “listillos”.</p>
<p align="justify">Quedaron en verse después de la cena en casa de los Gavira y dijeron a sus padres que iban a preparar un examen; según esta versión no mintieron en absoluto, y hacia la hora en que “las cenicientas” han de volver a casa, los seis piratas pusieron rumbo a las oscuras nieblas del mar de Los Cates: botaron su barco cargado de picardía, con su buena linterna y alguna que otra herramienta que les pudo servir , desde la calle Pineda, en busca de Mª Auxiliadora, pasando la tranquila Tartessos y cruzando la gabia empinaron Pío XII, donde se cruzaron con algún que otro vehículo que volvía tranquilamente a casa. Lo que sonaba de ruido de fondo eran unos ladridos que no cesaban por más que se alejaban de Pilas hacia el Seminario. A esta altura y llegando a la cancela de entrada del Instituto, se pararon y empezaron a notar bastante calor; se sintieron sobrecogidos de un temor repentino y acusaron la luz de la luna que les iba a ser propicia. También se sintieron molestos por tantos y tantos ladridos de perros callejeros que oían en aquellos instantes. Tantearon el terreno y decidieron entrar por la derecha de la puerta principal pasando por debajo de la alambrada de espinos. Uno a uno iba arrastrándose entre el suelo y los alambres…<br>
</p>
<ul>
<li>“Qué caló, illo…”</li>
<li>“Tranquilo, tranquilo…”</li>
<li>“No ladran ná los perros…”</li>
<li>“Cayarze y tirá palante.”<br>
</li>
</ul>
<p align="justify">Se proferían toda clase de locuciones que, ocasionadas por el miedo y la risa nerviosa, añadían la nota divertida de nuestro relato, ya que nuestros protagonistas se las pintan solos para hacernos reír con un solo comentario; los que tenemos la suerte de conocerlos damos fe de ello. Así llegan a la ventana prevista y Joaquín Gavira se acerca y toca la ventana:</p>
<ul>
<li> -“Enmano, enmano, ya está abierta…” Y al empujar…Craaaaccc!</li>
<li> -“Za roto, tío…”</li>
</ul>
<p align="justify">Efectivamente, el cristal se rompe, pero no pasa nada, hay que seguir y ya están dentro del instituto, en el pasillo y se dirigen a… ¿dónde? -¡Qué calor hacía allí dentro!- me comentaba Francisco Quintero en una de las ocasiones en que me lo ha contado. Fuentes dirigía la expedición y dijo que había que conseguir unas llaves que abrirían los cajones de las mesas donde supuestamente estarían los exámenes, Estas llaves estaban en las mesas idénticas que se encontraban en desuso en una sala en la segunda planta y que servía de almacén; por lo tanto había que llegar allí en primer lugar. Le dieron todos el visto bueno y adelante. Los perros seguían ladrando y linterna en mano y en fila india continuaron subiendo.</p>
<p align="justify">“Qué calor hacía allí”- me comentaban ellos, pero yo creo que el calor lo llevaban en el cuerpo por hacer algo que no se atrevería a hacer cualquiera y que por supuesto no era una fórmula común ni adecuada para la educación que ellos habían recibido. Sus padres en esos momentos dormían.</p>
<p align="justify">Temblorosos, tocándose unos a otros para sentirse seguros, se iban dirigiendo a la puerta que custodiaba las mesas en las que, en un cajón, puede que hubiera unas llaves que abrirían los cajones donde se encontraba el botín.</p>
<p align="justify">- ¡Tiene un candado!- comentaron todos. No pasa nada, llevaban además de su linterna, otras pequeñas herramientas que utilizaron para desmontarlo y atravesar la puerta misteriosa; porque la verdad era que cada vez había más misterio y más fuerte latían sus corazones, o sea, más cagadillos estaban. Una vez que lo consiguieron y pudieron ver en el interior oscuro, entraron con cuidado y sigilo, pero oyeron ruidos de pasos y…¡¡huid, chicos!!. Tan asustados estaban que dieron media vuelta y a trompicones corrieron a la escalera. En sus mentes se decían que eran ratas las que habían ocasionado el ruido, pero sus corazones no entendieron a la primera y pensaron: “Aquí hay alguien esperándonos.” (Ilusos), corrían agarrándose unos a otros y el que se creía el último soltó una sonora bofetada al perseguidor que no era más que otro de ellos. De momento se pararon en seco en el descansillo de la escalera y reaccionaron: <br>
-¿Cómo va a haber alguien aquí?-, comentaba uno de ellos; el otro continuaba diciendo:<br>
-Lógico, el candado estaba por fuera-. Imagínense lo que yo: una buena película estilo Misión Imposible…</p>
<p align="justify">Entre guantazos de los dos confundidos y risas del resto, decidieron volver a poner el candado en su sitio y se acercaron a la ventana del pasillo, saltándola,se sentaron en la cornisa del edificio para tomar aire y que sus latidos acelerados desaparecieran, para volver a escuchar de nuevo algún automóvil que pasara por la carretera, a los ruidosos perros con sus ladridos tan pesados que antes tuvieron, y que por unos momentos parecían haber desaparecido. Llevaban más de media hora en la cornisa, cuando el mundo pareció volver, ya los exámenes no eran el problema, lo que más deseaban en aquellos momentos era dejar de estar allí y volver a la rutina: suspender exámenes, que era algo más agradable que superar el pedazo de susto que se llevaron en aquellos inolvidables momentos.</p>
<p align="justify">A la mañana siguiente en el recinto del instituto y dejándose caer en la ventana a la que partieron el cristal, se encontraron con una profesora a la que ninguno hemos olvidado y que de vez en cuando saludamos por aquí, su pueblo de Pilas, la señorita Eloisa de “Padezanche”, como todos la conocemos.</p>
<p align="justify">Comentaron nuestros protagonistas, perplejos, que la ventana estaba rota, ¡¡Oooohhh!!, fijaos… Y la profesora contesta: -No pasa nada, habrá sido que ha cogido aire y se ha roto sola…Ufff!!! Para aire el que cogieron esa noche Francisco, Pepe, Joaquín, José Manuel, Fuentes y Manolito…<br>
Va por ustedes, chicos, que sigáis con tan buen humor y tan buen corazón como habéis sabido conservar.<br>
</p>
<p align="right"> En Pilas a 28 de Febrero de 2005.</p>
<p align="right"> Una alumna de 3º de BUP por aquellos años.<br>
</p>
</body>
</html>